¿Y si empezamos a construir puentes?

¿Qué pasaría si debido a la crisis te vieras forzado a abandonar tu ciudad y a relacionarte en un entorno totalmente nuevo? Esto es lo que les sucede a una pareja de alto estatus social y cultural, representada por Maribel Verdú y Jorge Bosch, cuando abandonan la capital para mudarse a un pueblo de la periferia y tienen que convivir con sus nuevos vecinos, llevados a escena por Jorge Calvo y Pilar Castro. Hablo de la obra de teatro Invencible de Torben Betts, bajo la batuta de Daniel Veronese, que tuve la suerte de poder ver y sentir este viernes en el Teatro Cervantes. Esta sátira social hace al espectador, a través de situaciones conducidas por la comedia, ver la crudeza de las relaciones sociales en la realidad de nuestros días. Más si cabe, nos hace cuestionarnos hasta qué punto queremos o sabemos intimar de una manera sana con los seres humanos que nos rodean.

Nos estamos acostumbrando a construir muros y levantar alambradas entre nosotros. Ya da igual tu religión, tu orientación sexual, tu nacionalidad, tu color de piel, tu educación o tu identidad. Para que una persona te conceda la oportunidad de conocerle eres tú quien tiene que llamar a la puerta y demostrar, con creces, tus buenas intenciones. La presunción de inocencia ha muerto. ¿Qué pasará cuando las pocas personas que siguen apostando por tender puentes en lugar de destruirlos se cansen de luchar? ¿Habremos perdido conexión completa con todo lo que nos rodea?

Antes los niños jugaban en la calle, se relacionaban con los hijos de los vecinos y todos trataban, unos con más acierto que otros, convivir y conocerse. Ahora, si consiguen tener un amigo de juegos, se pueden considerar afortunados. Ellos son el reflejo de lo que ven, de lo que viven, de la ya carcomida deshumanización de la sociedad, no ya del arte. Ésta es una consecuencia, pero también es causa de lo que pasará a continuación. De las cadenas con las que nos estamos aprisionando. Y no hacemos nada. No escuchamos lo que nos dice la persona con la que vivimos, buscamos en otros cuerpos lo que nos cuesta  demasiado cambiar y, si podemos, hasta matamos al gato de nuestro vecino para que no nos cause ninguna molestia, vaya él a creerse Invencible.

Hace poco, una querida seguidora de mi blog, tras leer La relación perfecta me lanzó una pregunta: Si la sociedad está perdida, ¿cuál es la solución? Puede ser que yo sea un ingenuo. Pero sólo se me ocurre una posible solución: el amor. El amor por intentar hacer las cosas bien, para perdonar, para preocuparse de los pequeños detalles, para levantarnos cada mañana imaginando un mundo mejor. Pienso que el amor, en todas sus facetas, es la única fuerza que conseguirá que poco a poco podamos ver luz entre tanta oscuridad, que nos permita comenzar a sanar el planeta, empezando por nosotros mismos y las personas que nos rodean, a base de pequeños pasos. Yo te propongo, mi querido lector, que empieces por gestos que a priori pueden parecer insignificantes, por regalar una sonrisa a la primera persona con la que te encuentres cuando salgas del portal, por hacerle el café a tu compañero de piso, por reciclar esas botellas de plástico que tienes por ahí abandonadas o por escribirle un ¿Cómo estás? a esa persona que hace tiempo que no ves y echas tanto de menos. Después, después vendrán cambios mayores.

Aquél que quiera cambiar el mundo, debe empezar por cambiarse a uno mismo. (Sócrates)

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9 thoughts on “¿Y si empezamos a construir puentes?

  1. Al igual que hacienda… la sociedad somos todos. Si cada uno nos cambiamos a nosotros mismos, cambiará el mundo. Lo dijo Sócrates y lo cantó luego Michael Jackson en su canción “Man in the mirror” (“If you wanna make the world a better place, take a look at yourself then make a change”.)

    “El amor por intentar hacer las cosas bien, para perdonar, para preocuparse de los pequeños detalles, para levantarnos cada mañana imaginando un mundo mejor. Pienso que el amor, en todas sus facetas, es la única fuerza que conseguirá que poco a poco podamos ver luz entre tanta oscuridad, que nos permita comenzar a sanar el planeta, empezando por nosotros mismos y las personas que nos rodean, a base de pequeños pasos.”

    El amor, fundamental.

    Y me gustaría complementar tu fantástico alegato con una aportación conceptual: la noción de área de influencia. Normalmente cuando se identifican problemas sociales se ven demasiado grandes y nos preguntamos ¿Pero se puede hacer algo?. Hay que hacer como dijo Jack el destripador “vayamos por partes”. Cada persona tenemos nuestra particular área de influencia que incluye a nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra comunidad, nuestro barrio, nuestro pueblo… Es en esa pequeña escala en la que podemos generar los mayores cambios. Y luego se puede pasar a escalas mayores (asociacionismo, campañas de firmas, medios de comunicación…)

    Aún así como ha dicho el amigo, el mayor cambio somos nosotros mismos y nuestro ejemplo.

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  2. Completamente de acuerdo contigo, Juan. Es cierto eso de que vivimos como si estuviéramos aislados los unos de los otros, cada uno en su cubículo sin salir a relacionarse con los demás, no vaya a ser que afecten nuestra huraña zona de confort. Creo que, a medida de vamos creciendo, ese niño con ganas de conocer a los demás y con curiosidad por todo que llevamos dentro va destiñéndose para dejar paso a un adulto hostil que prefiere aislarse en sí mismo. Recuerdo que de pequeña me pasaba el día entero jugando en la calle con otros niños… Sin embargo, ahora cada vez pasamos menos tiempo en la calle. Es muy triste, la verdad, pero coincido en que el amor es una buena forma de comenzar a cambiarlo. Porque, en una sociedad en la que lamentablemente estamos volviendo a levantar muros, es esencial empezar a construir puentes.
    ¡Un abrazo!

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    1. Ya somos dos los que estamos construyéndolos, y eso me llena de alegría. Como decía Lenon, “You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one”. Gracias por pasarte.
      ¡Un abrazo muy fuerte de vuelta!

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  3. Hoy en día hemos dejado de apreciar el mundo, el arte, es decir nuestra manera de expresarnos y relacionarnos ya no forma parte de nuestras prioridades sino que ahora están en segundo plano, tenemos nuevas preocupaciones como estudiar para trabajar lo mas rápido posible y dejamos de disfrutar el momento, vivirlo como se debe, con alegría y como tu dices podemos cambiar esto con una simple sonrisa o algún gesto que parece sencillo pero produce un gran impacto. Me encanto el articulo. Saludos.

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