La relación perfecta

Diciembre se ha ido y enero parece haber llegado para quedarse. Hace frío y no tengo plan de peli y manta con nadie, ¿qué habré hecho yo para merecer esto? Mientras, refresco Instagram. Nada nuevo. Ahí sigue la foto ganadora de mi último me gusta, el selfie de un seguidor cuyo nombre apenas recuerdo. Qué aburrimiento. ¿Y si me meto en Tinder?

La relación perfecta hoy en día sigue una serie de pautas. Queremos alguien con quien hacer planes, con quien vivir aventuras, alguien que nos dé satisfacción, que podamos compartir con nuestros followers y que sea inmediata, pero sin compromisos, que no suponga ningún tipo de sacrificio y que no ocupe demasiado tiempo de nuestras vidas, lo queremos todo, pero ya. Luego nos cansamos rápido y a otra cosa mariposa. Después, vienen las lamentaciones. ¿Es esto a todo a lo que aspiramos? ¿A una relación vacía? Somos víctimas de la sociedad en la que vivimos, del cuchillo de doble filo en el que se ha convertido el amor.

Sólo quedan dos papeles disponibles: el amado y el amante, dos antagonistas que necesitan el uno del otro para subsistir. El primero quiere lo que cree merecer. Una persona que lo dé todo por él, que le abrace cuando lo necesite, que le suba la autoestima, que le traiga el café de las mañanas y que tenga la pose idónea para publicar en Facebook que tiene una relación con. La sociedad le ha hecho olvidar que las parejas son cosa de dos y que cuando sólo es uno quien ama, el conjunto se resquebraja y la dependencia de la que huye se hace más fuerte. El carcelero no quiere dejar a su presa huir. Todo era demasiado cómodo. Se ha encerrado en su propia celda. Y ha perdido la llave. Ha empezado el juego. Ahora cuando uno quiere entrar en la partida, el otro jugador retira su apuesta.

El amante ha sido arrebatado de juicio y cree que todo es tal y como lo había deseado, la complicidad es real y el amor mutuo, por fin ha conseguido un romance de Hollywood. Qué duro será volver a la realidad. Ya nadie vive romances inolvidables,  como decía Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York. Y es que no es cuestión de amar, es cuestión de amar bien. Que ya no sabemos qué queremos, que hemos olvidado que no podemos vendernos al diablo por la relación perfecta que parece tener nuestro vecino, que intentar que no nos hagan daño está bien pero quemarse de vez en cuando está mejor, que para reír a veces hay que llorar, que la perfección no existe y que, a base de prueba y error, se aprende.

¿Dónde quedaron las relaciones de verdad? Vivimos quejándonos y, sin embargo, no somos capaces de ver qué es realmente lo que nos hace daño. Y cuando lo hacemos, cambiarlo no nos apetece. ¿Hemos perdido la capacidad de amar? ¿O somos nosotros los que estamos perdidos?

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12 respuestas a “La relación perfecta

  1. En pareja hay que aprender a amarse en equipo. Y eso cuesta por que el lenguaje del amor de cada uno es diferente y hay que hacer un esfuerzo de traducción-interpretación en las dos direcciones. Además de esa dificultad de base súmale que muchas personas (me incluyo) entran en relaciones sin tener demasiado trabajado el amor propio. Dependes del otro para sentirte querido (porque tú mismo no te das amor) y si el flujo de amor que viene del otro lado se interrumpe (aunque sea temporalmente) el vacío empieza a doler y por inconsciencia se achaca al otro. Cuando los dos lados cortan el grifo se entra en barrena en una guerra fría, la cual o se supera o acaba con la relación tarde o temprano.

    Como dijo Lennon (más o menos): No quiero encontrar a una media naranja. Yo soy una naranja entera y quiero compartir mi vida con otra naranja entera.

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Tu opinión se complementa a la perfección con la mía. Las relaciones son complicadas, hay mucho por lo que luchar y nos queda tanto por aprender… No puedo estar más deacuerdo contigo y con John Lennon. Un abrazo.

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  2. ¡Una reflexión profunda y removedora! Yo no sé si habremos perdido la capacidad de amar, pero como bien dices creo que hemos olvidado la forma “de amar bien”, sin egoísmos, sin falsas aspiraciones, sin pretender que el otro estará en nuestra vida para hacernos felices, cuando en realidad esa tarea nos corresponde de manera íntima y personal a cada uno. Si pudiéramos amarnos a nosotros mismosd(arnos respeto, consideración y espacio), si aprendemos a ser tolerantes con nuestros fallos, entonces estaríamos más preparados para amar y sentirnos amados por una pareja. Sé que es algo trillado, pero nadie puede dar lo que no tiene para sí mismo.
    ¡Me ha encantado este post! Gracias por compartir 🙂

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  3. Pienso entonces, luego de leer “La relación perfecta” que es un problema de valores. hay que rescatar los valores que sustenta el amor verdadero. El amor es la única respuesta. Te propongo unir esfuerzos para hacer que el mensaje llegue lo más lejos posible y poco a poco el ser humano cambie tantas conductas negativas respecto al amor y el bienestar. Un abrazo!

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